Había que
casarse. Tener hijos. Eso era lo determinado, lo que todos parecían perseguir.
Yo sin embargo, que no esperaba eso de la vida, finalmente caí. Ella me atrapó con sus encantos y yo me
abandoné al hechizo. !Qué infeliz…! Nada fue posible para contentarla. Demandas,
demandas y más demandas siempre salían de su boca. Que si no la quiero, que si
no la abrazo, que si no la ayudo…Llegar a casa después de 9 horas de trabajo
para escuchar sus discursos. Me chillaba, me volvía loco con sus críticas. Todo
lo que hacía parecía estar destinado a molestarme. Que lejos quedaban aquellos
días en que me parecía un Ángel… ¿Cómo pude caer en aquella ensoñación?
Ella tiene la culpa de todo. Si ella no me hubiera puesto de los nervios, ahora yo no
estaría en esta situación. Si me hubiera escuchado…Pero ella nunca me
escuchaba. Seguía chillando y chillando, y perdí el control. Ella tuvo la
culpa. Y ahora juicios y más juicios y soledad. No aguanto esta soledad. Ella
dejó de moverse, dejó de respirar. Ya no chillaba. La bruja ya no chillaba. Pero
ella tiene la culpa. Si me hubiera hecho caso. Veinte años de condena. La echo de
menos…Quisiera que estuviera aquí y me abrazara.
Escribir por escribir
miércoles, 27 de noviembre de 2013
viernes, 18 de octubre de 2013
La mirada
(Imagen creada por Gómez)
La Mirada. Más rápida que la propia voz, comunica impresiones que van directas al corazón y a la profundidad de las entrañas.
(Gómez)
La Mirada. Más rápida que la propia voz, comunica impresiones que van directas al corazón y a la profundidad de las entrañas.
(Gómez)
El último paseo nocturno
L. Gómez
Como sin proponérselo caminaba hacia el balcón de su dormitorio. Los ojos
bien abiertos y el corazón palpitante. A lo lejos intuía el mar agitarse en la
noche. La brisa le dio en su cara. Ayer, justo ayer, era feliz. Ayer, mientras
esos brazos la rodeaban y sentía su respiración en el cuello. Ayer, en aquel
dulce sueño que deseó durara eternamente. Tantos momentos que hubiera querido
extender hacia el infinito. Pero quien sabe lo que el infinito significa… Lo
sublime de un segundo se dilata en el siguiente. Sonámbula, adormecida, de pie
en aquella terraza del piso noveno, ajena a la tragedia, respiraba el aire
salino del océano. Esta noche no había brazos que la rodearan. Que la disuadieran
de deambular dormida bajo las estrellas. Precipitadamente, él había tenido que
regresar a casa. La barandilla estaba fría. Ella, en su trance nocturno, no parecía
notarlo, mientras se encaramaba a ella embelesada con aquella vibrante y
juguetona luz que la llamaba desde el cielo. Aun sonreía mientras se aproximaba
a dar un paso en el vacío. La despertó su propio grito de terror en aquella su última
noche.
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