viernes, 18 de octubre de 2013

El último paseo nocturno


L. Gómez

Como sin proponérselo caminaba hacia el balcón de su dormitorio. Los ojos bien abiertos y el corazón palpitante. A lo lejos intuía el mar agitarse en la noche. La brisa le dio en su cara. Ayer, justo ayer, era feliz. Ayer, mientras esos brazos la rodeaban y sentía su respiración en el cuello. Ayer, en aquel dulce sueño que deseó durara eternamente. Tantos momentos que hubiera querido extender hacia el infinito. Pero quien sabe lo que el infinito significa… Lo sublime de un segundo se dilata en el siguiente. Sonámbula, adormecida, de pie en aquella terraza del piso noveno, ajena a la tragedia, respiraba el aire salino del océano. Esta noche no había brazos que la rodearan. Que la disuadieran de deambular dormida bajo las estrellas. Precipitadamente, él había tenido que regresar a casa. La barandilla estaba fría. Ella, en su trance nocturno, no parecía notarlo, mientras se encaramaba a ella embelesada con aquella vibrante y juguetona luz que la llamaba desde el cielo. Aun sonreía mientras se aproximaba a dar un paso en el vacío. La despertó su propio grito de terror en aquella su última noche.

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